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08 octubre 2013

Inspiración o ataque de pánico

Yo pensaba que el calor de la ciudad en verano no era poético, y, sin embargo, el ruido de un motor me obliga a cambiar de opinión; el olor a polvo de mi infancia santiaguina y la terquedad de los jeans pegados a la piel me llevan a un mundo de inocencia y contención... 
El verano lleva mi apellido en los labios, el sol en mi piel traza un dibujo de mi familia y marca viva la tristeza del campo de mi país... El canto de los pájaros me saca de mi propia conciencia y me pierde en un rincón lejano del cielo... Las micros y las bocinas me erizan la piel y mi cabeza no para... Y yo no se cómo parar, cómo detener el tiempo en un grito, en un segundo, en un rincón del mundo, que me permita explicar a otros este nudo de sensaciones, de recuerdos, de nostalgia, de vida, que me aceleran el corazón.

*Lechuza

20 marzo 2011

Muere el verano

Las alamedas se tiñeron de dorado.
El sauce dejó de llorar.

Música porteña y un regador.
Flores sin olor
y aire sin viento.
Nubes secas
y secas de sentimiento.
Un árbol que visito desde que era niña
y un monstruo de hormigón en medio de un antiguo paraíso olvidado.

La tierra se volvió a mover,
se escucha desde lo profundo un grito hondo,
se escucha desde las entrañas del mundo el recordatorio de que la historia sigue, con o sin nosotros:
El mundo creará montañas, fiordos e islas.
El tiempo formará y derretirá glaciares,
jugará con los colores en las rocas y en las arenas.
Lo hizo desde antes de que llegáramos y lo seguirá haciendo cuando no estemos.

Una nube que no es nube delata que hemos llegado a la capital.
El recuerdo del cultivo se contradice con la oda continua al consumismo.
Y de golpe nada parece tener mucho sentido.

Mientras tanto, la luna está casi llena y se asoma sobre los Andes, haciéndome un guiño.
Se acerca el día de un nuevo adiós y se me aprieta el pecho al entender
que conozco este lugar lo suficiente
como para saber que aún no quiero,
que aún no puedo,
volver.

12 enero 2011

De veranos lejanos

Ver que tengo 0 entradas en 2011 me hace sentir obligada a escribir....
Pero el verano me atonta, me roba las palabras y me hace pensar que la vida así no tiene mucho sentido, porque necesito el frío para ponerme a filosofar y (más bien) divagar...
Hasta que llega una lluvia veraniega y me alegra la tarde:

El olor a tierra húmeda me recuerda a mi infancia,
a tardes con los pies en el barro,
a carcajadas con mis primas en el ruido santiaguino,
el olor a pasto, una chinita (léase: mariquita, o "san antonio", según la zona de nuestro continente que corresponda).
Mariposas,
viento,
mi pelo enredado,
el agua helada de un lago sureño partiéndome los huesos,
el sol en la piel y los pies en arena negra, de nuestras playas del sur,
decoradas por lavas derretidas y pulidas por los siglos...

Y, de repente me pongo a pensar,
de todas las playas que he pisado,
con todas sus variedades y exotismos,
ninguna recuerdo más ni mejor que la de Coñaripe,
a orillas del lago Calafquén:
Mi viejo bajo una sombrilla leyendo un libro,
yo tomando un helado Savory
o persiguiendo al hombre con el carrito para hacer algodones de azúcar...
las piedras en los pies, el agua helada,
huir hacia el centro del lago en un bote inflable...
Y las montañas alrededor,
con mil y una formas,
con bosques llenos de peligros...
La tristeza de los incendios forestales...

Y, con mis amigos, perdernos por la isla Llancahue,
buscando mil y una aventuras:
huir de enjambres de abejas, perros salvajes y toros,
tomar agua del río helado en una taza vieja,
jugar a la pelota horas y horas bajo el sol,
jugar a las escondidas de noche entre los árboles y aprovecharse de alguna luz casual que descubre todos los escondites...
y tirarnos horas a ver el cielo más estrellado,
(cazar estrellas fugaces y pedirles deseos ya olvidados).
Y que no me discutan que los cielos del norte son los mejores:
allá en la IV región, junto a los grandes telescopios que miran a lo lejos,
he visto cielos preciosos, sin duda,
pero no se comparan con la grandeza que se percibe después del paralelo 38,
donde se nota en las estrellas la curvatura de la Tierra,
la Cruz del Sur está cada vez más cerca y parece que caerás al fin del mundo
(o el comienzo del mundo, como dice un querido amigo, qué más da!)

Cada mañana, llueva o salga el sol, Montevideo me sonríe;
mi querida ciudad me lleva feliz por la vida...
Creo que somos las dos cómplices de algo y,
sin embargo, ninguna de las dos sabe de qué...
Nos entendemos, al fin y al cabo...
La lluvia montevideana de verano hoy me trajo recuerdos inesperados,
para sacarme en cara, sin darme cuenta,
que tuve una infancia privilegiada:
crecí con miedo a que un puma saltará del bosque, mientras jugaba con hadas y duendes...
Y creo que sólo los niños del sur de mi país pueden saber a qué me refiero...

31 marzo 2008

¿Es posible sentirse tan mal y tan bien a la vez?

Mucho frío, mucho viento, el paquetito de kleenex en el bolsillo y esa sensación de hervir por dentro, y el agotamiento más profundo posible... Parece que si llegara a caer en una cama, no me levantaría por días... Pero el saber donde estoy es más fuerte; dan ganas de seguir peleándola aunque el viento me tire al piso...
Se extraña un poco "el norte", pero los recuerdos son dulces y no desesperan, no duelen...
Y me nace la sonrisa más sincera...
Y se siente la inmensidad del planeta... Y da miedo, pero no miedo...
Y soy yo misma y no tengo que fingir, aparentar, parecer... nada más que eso.... sólo soy...



10 marzo 2008

Allá, en Patagonia.

Sin esperarlo.
Sin poses.
Sin maquillaje, ni ropa coqueta.
Con los ojos bien abiertos.
Y con mi mami.
Fui a la Patagonia.

Y encontré...
Un mundo más real que lo real....
Y una mujer dentro mío, más sincera que yo misma.
Más real que yo misma.
Más viva que esa yo misma que creía suficiente...
Nunca es suficiente. ("Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos", dice Galeano, escrito en mi pared)

Menos artificial.
Menos terca.
Un poco menos egoísta. (Digo un poco porque siempre se puede y debe ser menos egoísta)

Encontré una paz y algo dentro mío que estaba muy dormido...
Encontré respuestas y sentido.

Y descubrí, sin habérmelo preguntado antes...
Por qué, cómo, cuándo, dónde y con quién mi madre se convirtió en la persona maravillosa y extraña que es.
Y en el momento sólo lo viví y no lo pensé, pero ahora me lleno de lágrimas pensando en que vi su escuela y la casa que construyeron mis abuelos y ese Estrecho por el cual pasó Magallanes y esos pastos llenos de ovejitas...
Y de a poco puedo contar que este verano sentí la historia humana y geográfica de este planeta...
Y eso al fin me permite encontrar lentamente, pero con fuerza, mi propio lugar en esa historia...