Algunos días miro el calendario y siento que me estoy olvidando de algo:
hay fechas que de mañana a noche me dejan en duda de un aniversario, un cumpleaños, una interrogante sin respuesta definitiva, y esa sensación de "algo importante"...
Me invade cierta melancolía y un romanticismo por la vida;
¿Será hoy la fecha en que me casé en otra vida?
¿Será hoy, en unos años, el nacimiento de mi hijo menor?
¿Será hoy el cumpleaños de una bisabuela que no conocí?
¿Será hoy, algún día, el aniversario de mi muerte?
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05 abril 2014
De recuerdos que creía enterrados
(Algo que escribí hace algo más de tres años...
MODE: desenterrando viejas inspiraciones para volverme a inspirar)
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Ya no queda ni tu olor
(No puede quedar tu olor)
No queda ni el perfume
Ni el veneno
Ni las palabras que dijimos
Ni las miradas cómplices
Ni las sonrisas arrebatadas
Ni tu amor
Ni nada
Pero a veces sí vuelve
una ola de decepción
Vuelve la intención del calor
Vuelve la espera de tu presencia
(vuelve la espera de que vuelvas)
Y me queda aún el cariño
(nos quedó el cariño)
Me queda el recuerdo de habernos tenido
Me queda la bondad de ese invierno juntos
Y me queda el olvido
Me queda la comprensión
Me queda la paz
No me queda la angustia
Ni la amargura
Ni el dolor del pasado
Y entonces, comprendo, al fin te he
perdonado.
30 marzo 2014
Demasiado dolor para un título
Cinco años, como un suspiro;
Como un cansancio profundo;
Como un aire viciado.
Cinco años como un susto,
Como una locura del tiempo,
Como una broma del destino.
Cinco años como un nudo de melancolías,
Como una colección de ironías,
Como un manojo de decisiones.
Cinco años como una locura,
Un regalo de alegrías, un río de lágrimas y un atado de azahares.
Cinco años de esperanzas e inesperanzas,
Cinco años de promesas y de verdades...
Como el amor de la juventud,
Como la pasión de los veinteañeros,
Como la llegada lenta de la madurez...
Como la nostalgia de vivir.
08 octubre 2013
Inspiración o ataque de pánico
Yo pensaba que el calor de la ciudad en verano no era poético, y, sin embargo, el ruido de un motor me obliga a cambiar de opinión; el olor a polvo de mi infancia santiaguina y la terquedad de los jeans pegados a la piel me llevan a un mundo de inocencia y contención...
El verano lleva mi apellido en los labios, el sol en mi piel traza un dibujo de mi familia y marca viva la tristeza del campo de mi país... El canto de los pájaros me saca de mi propia conciencia y me pierde en un rincón lejano del cielo... Las micros y las bocinas me erizan la piel y mi cabeza no para... Y yo no se cómo parar, cómo detener el tiempo en un grito, en un segundo, en un rincón del mundo, que me permita explicar a otros este nudo de sensaciones, de recuerdos, de nostalgia, de vida, que me aceleran el corazón.
*Lechuza
05 agosto 2013
Un día (hoy) decidí ser feliz
Un día decidí que tenía que ser feliz.
No sólo con lo grande, no sólo con los planes y perspectivas a largo plazo.
Sino, con esto, con hoy.
Una noche tuve una pesadilla, en que seguía años y años presa de una absurda amargura diaria.
Y, en la mañana, pude ver claramente, que si no puedo cambiar hechos de la realidad, sí puedo cambiar frente a ellos mi sonrisa, mi corazón y mi mirada. No puedo cambiar el cansancio, pero si voy a estar cansada, por lo menos que no esté cansado mi humor...
No voy a seguir años en un trabajo que detesto, eso es seguro. Pero mientras esté ahí, mientras duela, sólo yo puedo hacerlo un poquito mejor...
*Lechuza
(Filosofía barata que antes reinaba mi vida, la de disfrutar el día a día, pero que hace unos meses había dejado en el fondo del placard...)
26 julio 2013
Porque van a ser cinco años...
De golpe, me acordé de esa noche de invierno en Barajas y me vino el recuerdo de la más pura angustia... El olor a McDonald's, las náuseas, Julieta Venegas sonando por la radio... Tu cara diciéndome adiós a través del vidrio.
De ahí, volé aún más atrás en el tiempo y recordé una tarde de verano en Barajas... La emoción que tenía de seguir viaje y, de golpe, pantallas con letras rojas de vuelos cancelados, y la pista llena de carros de bomberos y ambulancias... Y mi corazón de niña roto ante tanta angustia y desesperación.
El día siguiente, una mujer tomó las riendas y dejó de ser niña... Pocos momentos de mi vida me causan tanto orgullo como ese, en que me subí en un avión rumbo a Berlín, dándole la cara directamente a los fantasmas del día anterior...
Recuerdo la felicidad que sentí al ver Berlín por la ventana del avión... La impaciencia por recorrer los rincones de la ciudad donde se conocieron mis viejos... El cosquilleo de ansiedad en mis pies y en mi ojos por no perderme ni un detalle...
Y después, más lejos todavía, la dura y fría pared de la distancia, el despertar a 12 horas de mi madre... No he encontrado en mi vida ninguna otra definición de "lejanía": "lejos" es estar a un día reloj de mamá. Saber que para mi era día cuando para ella era noche me resultó más extraño que la idea de despertar en Marte...
Y luego, la felicidad de llegar a un idioma conocido... de comprender no sólo las palabras, sino también los gestos, las miradas, las actitudes de la gente... Y recién después de eso, llegar a un nuevo hogar, para empezar, en realidad, el verdadero viaje.
*Lechuza
08 julio 2012
No se si debería publicar esto... pero ahí va
Trato de aprender a llevarme con esta nueva soledad…
Con este peso en mi corazón que no conocía…
¿Qué no conocía?....
Que no quería conocer…
Hace tiempo está ahí… quieto, seco, fuerte…
Como un ancla ahogada en el fondo del río…
Sin ánimo de moverse…. Sin otro objeto que seguir pesando
hacia el fondo…
Trato de llevarme con esta soledad que no es nueva, que en
realidad lleva ahí mucho tiempo,
Que he intentado no ver, pero que de repente me veo obligada
a aceptar…
No me lo puedo seguir negando a mí misma, no tiene sentido…
Ya no hay nada por ganar, ni por perder…
Surrealista suena aquella vieja frase de que los amigos son
la familia que uno elige…
Surrealista me parece hablar de amistad verdadera…
Siento que mi corazón ya no puede confiar en nadie de esa
manera…
Ya no puede sentir sino angustia y vacío al ver esas caras…
Se me seca la boca, se me van las palabras…
Se me nubla la vista y se me desinfla el pecho…
Ya no queda nada.
Salvo la duda, de si realmente hice el esfuerzo… si me rendí
demasiado rápido… si fue todo culpa mía…
No, no queda nada:
No hay más energía, no hay más deseo, no hay más batallas
que luchar, no hay más palabras que decir, no hay más abrazos que abrazar…
Entre nosotras ya no queda nada.
Nada más que soledad.
*Lechuza
18 de junio de 2012
04 julio 2011
Narciso o el hombre sanguijuela
A veces sus ojos eran verdes, a veces azul cielo, a veces café brillante,
pero siempre me confundían y casi me convencían
de ver lo que él veía,
de creer en su reflejo.
De pensar que estaba bien dar todo y esperar poco a cambio.
De confiar, seguir y admirar ese reflejo,
de creer que era un privilegio el simple hecho de poder observarlo.
Su reflejo era tan grande que nada más abarcaba,
ni el mío, ni el tuyo, ni el de nadie más:
anulaba todo lo que rodeaba la laguna pobre que era su imaginación.
Y buscaba encerrarme en esa laguna,
sin que me diera cuenta de la trampa:
una arena movediza, en lugar de un lago cristalino,
en la cual el reflejo gigante se estampó, se endureció y formó una escultura falsa, una criatura deformada,
que en realidad no era reflejo de nada,
más que de sus delirios.
más que de sus delirios.
Y tanto me enceguecía su luz,
que yo caía de arena en arena,
hundiéndome, por no tener el cuidado de observar mejor,
de apreciar más allá, de ver que nada era más que un triste convencimiento.
Hasta un encuentro fortuito,
una suerte del destino,
que me permitió dejar de ser Echo,
y liberarme de una locura ajena,
al abrir mi mente y mi corazón,
al dejar de buscar reflejos en esa posa,
salir de ese monte perdido y
llevarme la inesperada sorpresa
de que en el mundo existe gente... Real.
*Lechuza
Ps. Va por vos, que me hiciste ver más allá, y por mi amiga Lucía, que también, al fin, se liberó de una seguidilla de sanguijuelas...
16 junio 2011
Mi Buenos Aires Querido
Que esta ciudad me mostró,
al nacer el otoño de 1987,
la luz del sol por primera vez;
la maravilla del aire en mi pecho,
el horror del caos del mundo,
las nubes, la lluvia, la Luna y las estrellas...
Que he negado de un patriotismo que no me corresponde toda mi vida.
Pero, cerca del Abasto lloré mis primeras lágrimas,
sentí mis primeros dolores
y amé a mi devota madre y su pecho.
Y, hasta hoy, como un imán,
Buenos Aires me llama,
para escapar de mi realidad,
para perderme en sus rincones y mercados,
para decorar mi vida con pequeñeces de San Telmo
y volver al Cementerio de La Recoleta,
donde la muerte no se siente como muerte, sino como paz;
para reunirme conmigo misma en la historia
y planear ser leyenda y no-leyenda;
y recordar, aún, las lágrimas, el dolor, de un país en caos.
*Lechuza
5 de junio de 2011
30 mayo 2011
Hay veces
Cuando lo único que se puede hacer es escribir...
que la lluvia me recuerda a mi misma
que el otoño es lento y a veces doloroso
que a veces tiemblo y caigo como las hojas
que se me amarga el pecho y no puedo decir nada
y estar quieta parece ser la única solución.
Pero la solución es salir y correr
salir y que la lluvia me haga sonreír
que la humedad me recuerde la vida
que el frío me traiga la verdad
(y que la verdad me acerque a ti).
*L
15 mayo 2011
Mi hogar de Lechuza
A veces, cuando escribo, o simplemente cuando miro por la ventana de un tren, un bus, un avión;
me quiero creer un caracol: pequeño ser nómade con su hogar a cuestas.
Mi hogar soy yo... y una pequeña extensión resumida en mi gran maleta rosada. La que me ha acompañado en tantas vueltas, la que está toda sucia y se ha roto varias veces. La que descansó y fue juntando cachibaches durante cuatro meses, abajo de mi cama en Londres. La que arrastró montones de nieve por las calles de París. La que se rompió en una estación de tren y me sirvió de asiento en varios caminos. La que paseé por el metro de Santiago una tarde en que mi ciudad me trató como extranjera y sin recepción alguna en el aeropuerto de Pudahuel. La que la gente a veces mira medio extrañada, pero que a mi me llena de orgullo.
Y ahora pienso: definitivamente, no soy el tipo de persona que podría andar por la vida con una maleta común y corriente... Y ya mismo pido perdón, porque me suena abrumadoramente prejuicioso haber utilizado la expresión "el tipo de persona"... Aunque es cierto que no soy como unos, y sí como otros... (¿Soy como algunos cronopios cronopios?)
Hoy he despertado en casa y la maleta rosada está en el medio de mi cuarto... parece que me quiere decir algo, parece que se ríe un poco de mí... ella sabe que no es suficiente refugio para este caracol y yo me doy cuenta por la sonrisa que se me dibuja al ver mis paredes, mi cartelera, mis fotos, mis sábanas.... Aún mi living no tiene sillón, pero ya no puedo andar con mi hogar a cuestas, me veo obligada a confesarme a mi misma que me gusta cierta estabilidad, que no soy nómade, que necesito volver a mi espacio y a mi gata; y que (por lo menos para mí) la esencia de ser viajera está en tener un lugar dónde volver.
*L
02 mayo 2011
Escape
De repente: hastío.
De la falsedad.
Del materialismo.
De tanto brillo,
brillo que no comprende nada,
sólo ciega y no deja ver con claridad lo que hay detrás:
detrás no hay nada.
Absolutamente nada.
¿Dónde hay algo más?
Por ahora sólo se que en el fondo de "mí misma",
en la paz de respirar profundo.
(Y en la esperanza aquella que a veces me encierra...)
Vuelvo a encontrarme con algo más real que yo,
no allá, en el fin del mundo;
no allá, del otro lado del Océano;
no en un rezo,
no en un abrazo,
sí en la convicción profunda
de que no necesito más
que esta alegría de seguir mi corazón,
de estar haciendo lo correcto.
*L
16 abril 2011
13 abril 2011
De desvaríos varios
Todas las mañanas en el ómnibus (cuando el dolor de mi hombro no me permite meter a Tolstoi en la cartera) disfruto de mirar mil y una cosas por la ventana. Entre esas mil y una cosas, una de mis favoritas son las casas de muebles y siempre pienso que debería comprarme un sillón: tengo vistos varios preciosos y el colchón roto en mi living no da para mucho más, pero aquí sigue... y hoy me pregunté: ¿por qué no he tomado la decisión y comprado un sillón de una buena vez?
Sin querer queriendo se me vino a la cabeza una de mis frases favoritas de mi película favorita (lo siento, se que me reitero), Holly Golightly explica a Paul Varjak por qué no hay muebles en su casa: "(...) If I could find a real-life place that'd make me feel like Tiffany's, then - then I'd buy some furniture and give the cat a name!"
-Sin negar mi gusto por las joyas, quisiera aclarar que mi "safe place" no es nada como Tiffany's... sino más bien como L'Orangerie: la paz entre cuadros de Monet... -
Pero bueno, me quedó ese gusto amargo del "I don't want to own anything until I find a place where me and things go together. I'm not sure where that is but I know what it is like. It's like Tiffany's."
Se que, por suerte, en nada me parezco a Holly: aunque a veces suene bien la idea de tener una tarjeta de visita que diga "(Mi Nombre) - Viajera" (como en el cuento de Capote, Breakfast at Tiffany's, cuyo final es mucho más crudo, triste y realista que la película), ella y yo no tenemos nada que ver, entre muchas cosas: me falta glamour, me falta frialdad, me sobra romanticismo...
Pero el lenguaje es acotado, las palabras que pusieron en su boca me llegaron, porque mi vida también es inestable, porque ando buscando algo que no se que es... ¿Encontraré algún día un sitio en que las cosas hagan sentido? ¿Por qué suelo sentirme cómoda, pero no del todo: por qué no me decido de una vez a comprar un sillón? Se que la vida no se resuelve besando a Paul Varjak bajo la lluvia de Manhattan, pero aquí sigo.... buscando "algo más"....
*Lechuza
Solo para no asustaros: mi casa sí tiene muebles, mi gata sí tiene nombre y juro que no estoy loca, soy mucho más normal de lo que creo y de lo que me gustaría ;)
31 marzo 2011
Uno de muchos recuerdos...
Hace ya más de dos años conocí una mujer española en un tren, cuyas palabras nunca olvidaré: "Viajando, es que te pasan las cosas".
*Lechuza
Era enero y la nieve cubría Europa, el tren había demorado más de tres horas en salir de París, una francesa petisa y arrugada me había gritado en francés por querer pagarle una taza de chocolate caliente, en la estación, con las últimas monedas que tenía...
Llegar a París ya había sido una odisea, arrastrando mi valija rosada gigante por un bus luxemburgués hasta la "gare" y luego esperando horas por un suicida en las líneas del tren.... sentada sobre mi valija, porque no había más lugar...
Volviendo a esa mañana de nieve, supe que algo malo estaban relatando por los parlantes en francés, pero definitivamente no sabía qué. La española me explicó, que no llegaríamos a Irún, que el tren estaba atrasado y era imposible llegar a la conexión a Madrid...
Para hacer un cuento largo, muy corto, terminé en un taxi con 4 franceses de Irún a San Sebastián; por única vez en mi vida fui consciente de correr para cruzar una calle llena de autos andando y no me importó la posibilidad de fallar el intento, tiré mi valija por unas escaleras, corrí, grité y pataleé y las puertas del tren se cerraron en mi cara y volví a patalear y, llorando, empecé a tirar cosas al tren.... (desesperada?) y empecé a caminar sola por San Sebastián.... Y noté lo hermosa que era la ciudad y el río y la Luna y una mujer me vio con cara de desolación y me abrazó "niña, qué pasa?" y me ayudó a encontrar el camino y amé estar al fin en un país con mi mismo idioma y lamenté no poder quedarme más, pero realmente tenía que llegar a Madrid, y no llegué a Atocha, pero si a una estación de buses bastante céntrica sólo dos horas después que "mi" tren... Y seguía nevando en la península y los vuelos no salían hacia ninguna parte y no me importaba, porque estaba al fin con él... al fin en sus brazos... al fin en la ciudad más romántica de Europa... (vengan ahora las lapidaciones!)
"Viajando es que te pasan las cosas"...
Quizá, para que la vida no sea una pérdida, hay que tomársela siempre como un viaje, aunque no sea a un lugar exótico o lejano, pero sí un continuo paso hacia lo desconocido, o hacia el cambio, hacia otro "sitio" mental, emocional, profesional.... (y un gran etcétera)...
Desde muy pequeñita se que todo lo hago por seguir viajando.
*Lechuza
"Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos" - Galeano.
12 enero 2011
De veranos lejanos
Ver que tengo 0 entradas en 2011 me hace sentir obligada a escribir....
Pero el verano me atonta, me roba las palabras y me hace pensar que la vida así no tiene mucho sentido, porque necesito el frío para ponerme a filosofar y (más bien) divagar...
Hasta que llega una lluvia veraniega y me alegra la tarde:
El olor a tierra húmeda me recuerda a mi infancia,
a tardes con los pies en el barro,
a carcajadas con mis primas en el ruido santiaguino,
el olor a pasto, una chinita (léase: mariquita, o "san antonio", según la zona de nuestro continente que corresponda).
Mariposas,
viento,
mi pelo enredado,
el agua helada de un lago sureño partiéndome los huesos,
el sol en la piel y los pies en arena negra, de nuestras playas del sur,
decoradas por lavas derretidas y pulidas por los siglos...
Y, de repente me pongo a pensar,
de todas las playas que he pisado,
con todas sus variedades y exotismos,
ninguna recuerdo más ni mejor que la de Coñaripe,
a orillas del lago Calafquén:
Mi viejo bajo una sombrilla leyendo un libro,
yo tomando un helado Savory
o persiguiendo al hombre con el carrito para hacer algodones de azúcar...
las piedras en los pies, el agua helada,
huir hacia el centro del lago en un bote inflable...
Y las montañas alrededor,
con mil y una formas,
con bosques llenos de peligros...
La tristeza de los incendios forestales...
Y, con mis amigos, perdernos por la isla Llancahue,
buscando mil y una aventuras:
huir de enjambres de abejas, perros salvajes y toros,
tomar agua del río helado en una taza vieja,
jugar a la pelota horas y horas bajo el sol,
jugar a las escondidas de noche entre los árboles y aprovecharse de alguna luz casual que descubre todos los escondites...
y tirarnos horas a ver el cielo más estrellado,
(cazar estrellas fugaces y pedirles deseos ya olvidados).
Y que no me discutan que los cielos del norte son los mejores:
allá en la IV región, junto a los grandes telescopios que miran a lo lejos,
he visto cielos preciosos, sin duda,
pero no se comparan con la grandeza que se percibe después del paralelo 38,
donde se nota en las estrellas la curvatura de la Tierra,
la Cruz del Sur está cada vez más cerca y parece que caerás al fin del mundo
(o el comienzo del mundo, como dice un querido amigo, qué más da!)
Cada mañana, llueva o salga el sol, Montevideo me sonríe;
mi querida ciudad me lleva feliz por la vida...
Creo que somos las dos cómplices de algo y,
sin embargo, ninguna de las dos sabe de qué...
Nos entendemos, al fin y al cabo...
La lluvia montevideana de verano hoy me trajo recuerdos inesperados,
para sacarme en cara, sin darme cuenta,
que tuve una infancia privilegiada:
crecí con miedo a que un puma saltará del bosque, mientras jugaba con hadas y duendes...
Y creo que sólo los niños del sur de mi país pueden saber a qué me refiero...
24 diciembre 2010
De Navidades pasadas
La memoria es un recurso muy selectivo del ser humano. Definitivamente, selectivo.
Hoy se entrelazan en mi memoria varios recuerdos que cumplen veinte años.
Sí, veinte.
Estoy sorprendida de tener recuerdos de veinte años... Hace sentir la edad como un peso fuerte sobre los hombros...
Aunque, me doy cuenta, tengo recuerdos mayores aún, de veintidós: La campaña del No.
Es cierto que son luces y sensaciones que se mezclan y se llenan de baches, pero son recuerdos, al fin y al cabo. Y quedaron ahí, para despertar algún día, porque eran cosas realmente importantes: tenía un año y medio cuando fue la campaña del No y, cuando muchos años más tarde, volví a escuchar la canción y me di cuenta que me sabía la letra, no me pareció extraño. Fui parte de la historia. Y eso el cerebro no lo borra, aunque sea una masa delicada y joven, con muchas dificultades aún para retener...
Volviendo a mis recuerdos del año 1990: me ha costado ordenar algunas cosas y, recién me doy cuenta, debo estar mezclando varias Navidades: 89, 90 y 91... (desde el 92, ya en Costa Rica, las cosas sí las recuerdo con claridad)...
En definitiva, y para hacerlo más ameno:
¿Por qué me gusta la Navidad?
Porque recuerdo: el pesebre de mi abuela y el olor a pintura; los plumones chiquitos blancos con corazones de colores (realmente, el regalo que recuerdo con más cariño, de toda mi infancia, más que cualquiera de mis Barbies caras, o mis peluches del Rey León, esos plumones SON mi infancia), sentir un gatito entre mis brazos (creo que la Cascanueces), las lucecitas brillando, el olor a pino y, el recuerdo más feliz de mi infancia: abrazar a mi abuelo.
Seguramente, no fue en Navidad, porque en la Navidad del 90 él ya estaba en el hospital... Pero la Navidad me recuerda a él. No se porque. Y, definitivamente, la memoria es selectiva, porque entre todos esos flashes de felicidad, no recuerdo el hecho de que murió ese Año Nuevo, no recuerdo que mi abuela me negaba como nieta (por el estigma del Alzheimer) y que, también ella, murió menos de dos meses después. No recuerdo las mudanzas continuas. No recuerdo en esa época de mi vida a mis hermanos, ni a mi padrastro, creo que ni siquiera a mi madre: son todos personajes que aparecen después del 91....
Antes que eso, sólo mi viejo, y mi Tata. Y mi Tata me duró poco. Pero es lo más feliz que me pasó en la infancia. Y es el mayor orgullo que guardo hasta el día de hoy en mi familia. Los viajes, las distancias, las separaciones, las personalidades fuertes, me obligaron a formar una figura paterna medio collage... bordada con parches.
Y sin, embargo, al mirar atrás, veo en mi Tata la figura paterna perfecta. El cariño de su abrazo es lo más dulce que guardo. El calor de su mirada todavía entibia mi corazón.
Y en una semana, serán veinte años desde que no está.
Y maldigo el tiempo, que nos aleja de recuerdos que quisiéramos tener más cerca, porque da la sensación de que, cuando alguien se va, su ausencia es clara al principio, pero luego nos acostumbramos a que no esté.
Es cierto, crecí sin él. Estoy acostumbrada a que no esté. Pero siento que es injusto que sea así.
En definitiva, poco importa mi sentido de la justicia. La vida es injusta y punto.
Pero es Navidad, es Navidad y yo tengo Fe.
Tengo Fe en algunas cosas "religiosas" que tienen que ver con la Navidad, pero que no considero importantes describir aquí.
Si quiero decir, que tengo Fe en que desde hace veinte años, mis abuelos están en un lugar mejor, y me cuidan, mi Tata es un Ángel que me visita, me acompaña en mis penas y en mis alegrías, me abraza hasta cuando no me doy cuenta y me canta canciones de cuna, que no puedo oír, pero tranquilizan mis dolores. Tengo Fe en que pasarán muchos años más, y un día estaremos nuevamente juntos y me volverá a abrazar. Y, lo que más espero, al mirar atrás toda mi Vida, es poder ver a mi Tata, hundirme en sus ojos y decirle que hice TODO lo posible para que él estuviera orgulloso.
12 diciembre 2010
Sola
Haciéndome cargo de mi vida... de mis decisiones, mis elecciones.
De cada paso que dí, hacia donde yo quería.
Y, luego, el desagrado de esas pequeñas consecuencias incalculadas...
O, quizá, contempladas, pero sin la justa medida de su realidad..
De todas maneras, la certeza de que todo camino tiene algún resultado que no gusta, que no completa, que resulta un poco pesado, o tedioso, o doloroso...
Y, en el fondo, feliz de que "mis" consecuencias tediosas hayan surgido por mi propia opción, por amor a mis deseos, por la fe ciega en mi corazón. Porque, aunque a veces lo olvide, soy una mujer valiente. Y seguí mi intuición, y armé mis planes, y diseñé mi futuro, según lo que quería, según lo que sentía, según lo que entendía que era mejor.
Y aún sigo mi intuición y tengo fe en mi corazón y en lo que quiero, y creo ciegamente en mis decisiones y camino con la frente en alto porque se, que si bien a veces me inundan momentos tristes, nunca será por haber elegido una vida que no era mía.
15 agosto 2010
Agosto
Frío.
Promesa de primavera.
Se ha hecho largo el invierno.
Por primera vez, me he saciado del amor hacia el cielo gris y el viento.
Pero, por primera vez, lo pesado me sabe a promesa,
lo insoportable me huele a esperanza,
lo tedioso me convence de la pronta llegada...
De la brisa cálida, del sol cariñoso, del aroma a jazmín y mar y pasto.
De la vida por despertar.
Primavera, despierta...
Ya estoy cansada de hibernar.
16 julio 2010
De España y buen fútbol
Pena enorme me dio ver a mi país nuevamente eliminado en octavos de final frente al monstruo verde-amarillo (luego: verde-amarillento-desteñido frente a una naranja desabrida a mandarina)...
Lejano recuerdo de uno de mis primeros mundiales..
El primero que recuerdo fue USA 94, no el mundial, realmente, pero sí la mascota de un tierno perrito, muy entretenido para una pequeña de 7 años y la final Brasil-Italia, que decidiría por primera vez un Campeón del Mundo en penales...
No mucho entendía de todo esto, pero sí se grabaron en mi memoria esos detalles (el odio a las definiciones por penales que guardo hasta hoy día) y el hecho de que mi papá me hiciera hinchar por Brasil, porque era importante apoyar a un Sudamericano frente a un europeo.....
Pobre mi viejo, logró inculcarme el amor al fútbol, pero no el apoyo a la verde-amarella.... por la contraria, Mundial tras Mundial, he terminado convertida en una devota seguidora y fanática de la Mannschaft..
Fue en el segundo Mundial, dentro de mi recuerdo, que vi por primera vez participar a la Roja de Todos: Francia 98
Ahora sí tenía algunas cosas más claras, pero estaba en esa etapa en que las niñas odian a los niños y todo lo que se les relacione, lo cual, por supuesto, incluía jugar a la pelota.
Una etapa en que no sabía lo que era un offside y creía que en la Vida había cosas más importantes que el fútbol (lo que es la inocencia!!!!)
La primera vez que ví a la Roja de todos en un Mundial llegamos a los Champs-Eliseé de la mano de un uruguayo -mientras yo llegaba al Uruguay de la mano de mi Madre-
No realmente a los Champs-Eliseé, porque Gloria no tuvimos ninguna
Pero pudimos superar la vergüenza en que nos había metido el Cóndor Rojas y darnos un paseíto por uno de los países más antipáticos del mundo...
Aquella vez tuve la alegría de sacarle pica a mis compañeros uruguayos, porque nosotros estábamos en Francia y ellos no... el tiempo me enseñaría que en la Vida, y en el Fútbol, hay que ser más humilde...
12 años después salí una tarde de julio a las 14:00 de la oficina,
podía caerse el mundo entero,
pero yo tenía que ver jugar a mi Selección.
El monstruo verde amarillo nuevamente frente a nosotros,
un resultado muy previsible,
pero que tenía que ver con mis propios ojos...
En esos doce años de por medio,
además de mi fanatismo por la Mannschaft,
creció mi amor hacia la tierra que llamo hogar...
Como con todo lo propio,
ella y yo tenemos una relación algo bivalente...
Y es que ella me ha visto sufrir tanto, que a veces no me queda más que echarle la culpa...
Pero también me ha regalado grandes alegrías y una de ellas es esta última...
¡¿como no festejar cuando tenés tres millones de eufóricos a tu alrededor?!...
Desde octubre del año pasado no podía ver jugar a la celeste sin llorar por tantos recuerdos de algo que quedó en un punto final (no penal).
Y ahora, tras ver a mi equipo volver a nuestro territorio andino y saludar desde los balcones de La Moneda, no me quedó más que ver a la Celeste en cuartos y, de repente, esa garra que recorría la calle abajo de mi apartamento subió hasta el noveno piso y me apoderó:
y grité los goles más fuerte que nadie, y, con más fuerza que nadie, grité que Uruguay volvería a ser Campeón, y, más que nadie, odié al arbitro que otorgó a Holanda dos goles que no lo eran y, más que nadie, lloré cuando ese último tiro de Forlán no entró en arco Alemán...
La locura Celeste se apoderó de mí y todo lo que me ha dado este hogar me hizo olvidar años de admiración por la Alemania de Klose y Lukitas Podolski
Y en realidad me fui AMPLIAMENTE de tema y, recién ahora, llegó a lo que iba a escribir en un principio:
este año fui víctima (más que testigo) de la peor final de un Mundial en la historia,
no sólo fue fútbol sucio, sino que -peor aún- fue fútbol MALO.
No se le puede describir de otro modo.
Parecía que nuevamente se otorgaría la Copa a punta de penales, premio al fútbol aburrido y a haber mantenido 120 minutos de empate por miedo a perder.
Parecía que la mano invisible de Zurich o de un cheque bien gordo en las manos de un árbitro que no se atrevía a echar a 10 mandarinas que merecían ser echadas, marcaría otro hito de injusticia futbolística.
Una telenovela de la violencia y del sueño, digna de olvido, de no ser por la España del tiempo adicional.
En esos 30 minutos hubo un poco del juego que 1/8 de la población Mundial esperaba ver y (extrañamente) ganó el Mejor: ganó el juego en equipo y no el trabajo sucio, ganó el fútbol y no la fuerza de un mal árbitro.
No hay palabras de discusión ante esta verdad insondable: levantaron la Copa quienes más lo merecían entre aquellos 32. Grandes Campeones, los Españoles.
Grandes Campeones en el fútbol del año 2010 y en mucho más...
Escuchar su acento en la tele me puso algo nostálgica,
y este frío invierno no hace mucho para ayudar:
recuerdo el Madrid helado que me recibió con brazos abiertos,
me entibió el Corazón y me regaló más de lo que merecía.
Un país que me alejó rápidamente de la antipatía de la gente malhumorada y gritona que vive del otro lado de los Pirineos y me sacó de una cachetada esa asimilación del concepto "los españoles", que nos enseñan los libros de historia de estos lados, relacionado con aquellos conquistadores que nos empobrecieron y asesinaron. Nosotros somos, de hecho, los hijos de los conquistadores, no ellos.
Un pueblo también golpeado, y también maravilloso, cuyos goles no puedo gritar, porque no son míos. Pero cuya alegría no deja de sacarme una sonrisa; cuyo talento, esfuerzo y pasión no es posible sino admirar; y cuyo cariño no es posible sino extrañar.
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