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08 octubre 2013

Inspiración o ataque de pánico

Yo pensaba que el calor de la ciudad en verano no era poético, y, sin embargo, el ruido de un motor me obliga a cambiar de opinión; el olor a polvo de mi infancia santiaguina y la terquedad de los jeans pegados a la piel me llevan a un mundo de inocencia y contención... 
El verano lleva mi apellido en los labios, el sol en mi piel traza un dibujo de mi familia y marca viva la tristeza del campo de mi país... El canto de los pájaros me saca de mi propia conciencia y me pierde en un rincón lejano del cielo... Las micros y las bocinas me erizan la piel y mi cabeza no para... Y yo no se cómo parar, cómo detener el tiempo en un grito, en un segundo, en un rincón del mundo, que me permita explicar a otros este nudo de sensaciones, de recuerdos, de nostalgia, de vida, que me aceleran el corazón.

*Lechuza

19 mayo 2011

En tránsito

El tiempo se detiene
El mundo ya no gira
El Sol duda
La Tierra se calla
Yo me callo
porque el Universo es demasiado vasto,
porque la melancolía es demasiado cruda,
porque el recuerdo es demasiado real
para resumirlo en palabras.


*L

15 mayo 2011

Noche en mi tierra

He vuelto a casa, luego de un mes por mi Chilito lindo. Reviso el cuaderno que me acompañaba en la cartera y creo que vale la pena rescatar esto:


El grito de un ave en la niebla rompe la densidad del aire, sube perdido por el monte...

Ciento-un imágenes sin posible descripción: un país triste, un país de plástico, un todo de brillantina y, debajo, escondido, el dolor, el olor a tierra húmeda, las flores muertas, el murmullo del río... y almas en vela... ¿Esperando la paz? O, quizá, sólo el amanecer, para evaporarse con las nubes, para dejarme ver el mar, para mostrarme el futuro.


*Lechuza

20 marzo 2011

Muere el verano

Las alamedas se tiñeron de dorado.
El sauce dejó de llorar.

Música porteña y un regador.
Flores sin olor
y aire sin viento.
Nubes secas
y secas de sentimiento.
Un árbol que visito desde que era niña
y un monstruo de hormigón en medio de un antiguo paraíso olvidado.

La tierra se volvió a mover,
se escucha desde lo profundo un grito hondo,
se escucha desde las entrañas del mundo el recordatorio de que la historia sigue, con o sin nosotros:
El mundo creará montañas, fiordos e islas.
El tiempo formará y derretirá glaciares,
jugará con los colores en las rocas y en las arenas.
Lo hizo desde antes de que llegáramos y lo seguirá haciendo cuando no estemos.

Una nube que no es nube delata que hemos llegado a la capital.
El recuerdo del cultivo se contradice con la oda continua al consumismo.
Y de golpe nada parece tener mucho sentido.

Mientras tanto, la luna está casi llena y se asoma sobre los Andes, haciéndome un guiño.
Se acerca el día de un nuevo adiós y se me aprieta el pecho al entender
que conozco este lugar lo suficiente
como para saber que aún no quiero,
que aún no puedo,
volver.

12 enero 2011

De veranos lejanos

Ver que tengo 0 entradas en 2011 me hace sentir obligada a escribir....
Pero el verano me atonta, me roba las palabras y me hace pensar que la vida así no tiene mucho sentido, porque necesito el frío para ponerme a filosofar y (más bien) divagar...
Hasta que llega una lluvia veraniega y me alegra la tarde:

El olor a tierra húmeda me recuerda a mi infancia,
a tardes con los pies en el barro,
a carcajadas con mis primas en el ruido santiaguino,
el olor a pasto, una chinita (léase: mariquita, o "san antonio", según la zona de nuestro continente que corresponda).
Mariposas,
viento,
mi pelo enredado,
el agua helada de un lago sureño partiéndome los huesos,
el sol en la piel y los pies en arena negra, de nuestras playas del sur,
decoradas por lavas derretidas y pulidas por los siglos...

Y, de repente me pongo a pensar,
de todas las playas que he pisado,
con todas sus variedades y exotismos,
ninguna recuerdo más ni mejor que la de Coñaripe,
a orillas del lago Calafquén:
Mi viejo bajo una sombrilla leyendo un libro,
yo tomando un helado Savory
o persiguiendo al hombre con el carrito para hacer algodones de azúcar...
las piedras en los pies, el agua helada,
huir hacia el centro del lago en un bote inflable...
Y las montañas alrededor,
con mil y una formas,
con bosques llenos de peligros...
La tristeza de los incendios forestales...

Y, con mis amigos, perdernos por la isla Llancahue,
buscando mil y una aventuras:
huir de enjambres de abejas, perros salvajes y toros,
tomar agua del río helado en una taza vieja,
jugar a la pelota horas y horas bajo el sol,
jugar a las escondidas de noche entre los árboles y aprovecharse de alguna luz casual que descubre todos los escondites...
y tirarnos horas a ver el cielo más estrellado,
(cazar estrellas fugaces y pedirles deseos ya olvidados).
Y que no me discutan que los cielos del norte son los mejores:
allá en la IV región, junto a los grandes telescopios que miran a lo lejos,
he visto cielos preciosos, sin duda,
pero no se comparan con la grandeza que se percibe después del paralelo 38,
donde se nota en las estrellas la curvatura de la Tierra,
la Cruz del Sur está cada vez más cerca y parece que caerás al fin del mundo
(o el comienzo del mundo, como dice un querido amigo, qué más da!)

Cada mañana, llueva o salga el sol, Montevideo me sonríe;
mi querida ciudad me lleva feliz por la vida...
Creo que somos las dos cómplices de algo y,
sin embargo, ninguna de las dos sabe de qué...
Nos entendemos, al fin y al cabo...
La lluvia montevideana de verano hoy me trajo recuerdos inesperados,
para sacarme en cara, sin darme cuenta,
que tuve una infancia privilegiada:
crecí con miedo a que un puma saltará del bosque, mientras jugaba con hadas y duendes...
Y creo que sólo los niños del sur de mi país pueden saber a qué me refiero...

22 julio 2010

Y digo Patria

"...Pero no cambia mi amor
Por mas lejos que me encuentre

Ni el recuerdo ni el dolor
De mi pueblo y de mi gente

Lo que cambió ayer
Tendrá que cambiar mañana
Así como cambio yo
En esta tierra lejana."

16 julio 2010

De España y buen fútbol

Pena enorme me dio ver a mi país nuevamente eliminado en octavos de final frente al monstruo verde-amarillo (luego: verde-amarillento-desteñido frente a una naranja desabrida a mandarina)...
Lejano recuerdo de uno de mis primeros mundiales..

El primero que recuerdo fue USA 94, no el mundial, realmente, pero sí la mascota de un tierno perrito, muy entretenido para una pequeña de 7 años y la final Brasil-Italia, que decidiría por primera vez un Campeón del Mundo en penales...
No mucho entendía de todo esto, pero sí se grabaron en mi memoria esos detalles (el odio a las definiciones por penales que guardo hasta hoy día) y el hecho de que mi papá me hiciera hinchar por Brasil, porque era importante apoyar a un Sudamericano frente a un europeo.....
Pobre mi viejo, logró inculcarme el amor al fútbol, pero no el apoyo a la verde-amarella.... por la contraria, Mundial tras Mundial, he terminado convertida en una devota seguidora y fanática de la Mannschaft..

Fue en el segundo Mundial, dentro de mi recuerdo, que vi por primera vez participar a la Roja de Todos: Francia 98
Ahora sí tenía algunas cosas más claras, pero estaba en esa etapa en que las niñas odian a los niños y todo lo que se les relacione, lo cual, por supuesto, incluía jugar a la pelota.
Una etapa en que no sabía lo que era un offside y creía que en la Vida había cosas más importantes que el fútbol (lo que es la inocencia!!!!)
La primera vez que ví a la Roja de todos en un Mundial llegamos a los Champs-Eliseé de la mano de un uruguayo -mientras yo llegaba al Uruguay de la mano de mi Madre-
No realmente a los Champs-Eliseé, porque Gloria no tuvimos ninguna
Pero pudimos superar la vergüenza en que nos había metido el Cóndor Rojas y darnos un paseíto por uno de los países más antipáticos del mundo...
Aquella vez tuve la alegría de sacarle pica a mis compañeros uruguayos, porque nosotros estábamos en Francia y ellos no... el tiempo me enseñaría que en la Vida, y en el Fútbol, hay que ser más humilde...

12 años después salí una tarde de julio a las 14:00 de la oficina,
podía caerse el mundo entero,
pero yo tenía que ver jugar a mi Selección.
El monstruo verde amarillo nuevamente frente a nosotros,
un resultado muy previsible,
pero que tenía que ver con mis propios ojos...

En esos doce años de por medio,
además de mi fanatismo por la Mannschaft,
creció mi amor hacia la tierra que llamo hogar...
Como con todo lo propio,
ella y yo tenemos una relación algo bivalente...
Y es que ella me ha visto sufrir tanto, que a veces no me queda más que echarle la culpa...
Pero también me ha regalado grandes alegrías y una de ellas es esta última...
¡¿como no festejar cuando tenés tres millones de eufóricos a tu alrededor?!...
Desde octubre del año pasado no podía ver jugar a la celeste sin llorar por tantos recuerdos de algo que quedó en un punto final (no penal).
Y ahora, tras ver a mi equipo volver a nuestro territorio andino y saludar desde los balcones de La Moneda, no me quedó más que ver a la Celeste en cuartos y, de repente, esa garra que recorría la calle abajo de mi apartamento subió hasta el noveno piso y me apoderó:
y grité los goles más fuerte que nadie, y, con más fuerza que nadie, grité que Uruguay volvería a ser Campeón, y, más que nadie, odié al arbitro que otorgó a Holanda dos goles que no lo eran y, más que nadie, lloré cuando ese último tiro de Forlán no entró en arco Alemán...
La locura Celeste se apoderó de mí y todo lo que me ha dado este hogar me hizo olvidar años de admiración por la Alemania de Klose y Lukitas Podolski

Y en realidad me fui AMPLIAMENTE de tema y, recién ahora, llegó a lo que iba a escribir en un principio:
este año fui víctima (más que testigo) de la peor final de un Mundial en la historia,
no sólo fue fútbol sucio, sino que -peor aún- fue fútbol MALO.
No se le puede describir de otro modo.
Parecía que nuevamente se otorgaría la Copa a punta de penales, premio al fútbol aburrido y a haber mantenido 120 minutos de empate por miedo a perder.
Parecía que la mano invisible de Zurich o de un cheque bien gordo en las manos de un árbitro que no se atrevía a echar a 10 mandarinas que merecían ser echadas, marcaría otro hito de injusticia futbolística.
Una telenovela de la violencia y del sueño, digna de olvido, de no ser por la España del tiempo adicional.
En esos 30 minutos hubo un poco del juego que 1/8 de la población Mundial esperaba ver y (extrañamente) ganó el Mejor: ganó el juego en equipo y no el trabajo sucio, ganó el fútbol y no la fuerza de un mal árbitro.
No hay palabras de discusión ante esta verdad insondable: levantaron la Copa quienes más lo merecían entre aquellos 32. Grandes Campeones, los Españoles.
Grandes Campeones en el fútbol del año 2010 y en mucho más...

Escuchar su acento en la tele me puso algo nostálgica,
y este frío invierno no hace mucho para ayudar:
recuerdo el Madrid helado que me recibió con brazos abiertos,
me entibió el Corazón y me regaló más de lo que merecía.
Un país que me alejó rápidamente de la antipatía de la gente malhumorada y gritona que vive del otro lado de los Pirineos y me sacó de una cachetada esa asimilación del concepto "los españoles", que nos enseñan los libros de historia de estos lados, relacionado con aquellos conquistadores que nos empobrecieron y asesinaron. Nosotros somos, de hecho, los hijos de los conquistadores, no ellos.
Un pueblo también golpeado, y también maravilloso, cuyos goles no puedo gritar, porque no son míos. Pero cuya alegría no deja de sacarme una sonrisa; cuyo talento, esfuerzo y pasión no es posible sino admirar; y cuyo cariño no es posible sino extrañar.

24 julio 2009

Te doy una canción

y digo Patria...

16 julio 2009

Pero yo a tí, país, en ninguna circunstancia podría odiarte...


"...y ahora en ese país supuestamente gris y conservador, en donde hasta hace poco no existía ley de divorcio, gobernaba una mujer divorciada, madre soltera y socialista, y atea. Aquello era claro indicio de que ese estilete de tierra, que se extendía desde el desierto de Atacama, el más árido e inhóspito del planeta, hasta el Polo Sur, equilibrándose entre el bravo oleaje del Pacífico y las eternas nieves andinas, siempre a un tris de desplomarse con su gente y bártulos al fondo del océano, era un sitio único, irrepetible y cambiante, que transitaba vertiginoso de la euforia a la depresión, o de la solidaridad al individualismo, una especie de esos enrevesados jeroglíficos del arqueólogo Heinrich Schliemann, que nunca nadie lograba descifrar del todo, y que se amaba u odiaba según las circunstancias, los cambios de ánimo y el color de las estaciones..."

*El Caso Neruda, R Ampuero