16 abril 2011

Porque no quiero

El día que te fuiste
me pediste una única cosa

y aún no puedo cumplir.


*L

13 abril 2011

De desvaríos varios

Todas las mañanas en el ómnibus (cuando el dolor de mi hombro no me permite meter a Tolstoi en la cartera) disfruto de mirar mil y una cosas por la ventana. Entre esas mil y una cosas, una de mis favoritas son las casas de muebles y siempre pienso que debería comprarme un sillón: tengo vistos varios preciosos y el colchón roto en mi living no da para mucho más, pero aquí sigue... y hoy me pregunté: ¿por qué no he tomado la decisión y comprado un sillón de una buena vez?
Sin querer queriendo se me vino a la cabeza una de mis frases favoritas de mi película favorita (lo siento, se que me reitero), Holly Golightly explica a Paul Varjak por qué no hay muebles en su casa: "(...) If I could find a real-life place that'd make me feel like Tiffany's, then - then I'd buy some furniture and give the cat a name!"

-Sin negar mi gusto por las joyas, quisiera aclarar que mi "safe place" no es nada como Tiffany's... sino más bien como L'Orangerie: la paz entre cuadros de Monet... -

Pero bueno, me quedó ese gusto amargo del "I don't want to own anything until I find a place where me and things go together. I'm not sure where that is but I know what it is like. It's like Tiffany's."

Se que, por suerte, en nada me parezco a Holly: aunque a veces suene bien la idea de tener una tarjeta de visita que diga "(Mi Nombre) - Viajera" (como en el cuento de Capote, Breakfast at Tiffany's, cuyo final es mucho más crudo, triste y realista que la película), ella y yo no tenemos nada que ver, entre muchas cosas: me falta glamour, me falta frialdad, me sobra romanticismo...

Pero el lenguaje es acotado, las palabras que pusieron en su boca me llegaron, porque mi vida también es inestable, porque ando buscando algo que no se que es... ¿Encontraré algún día un sitio en que las cosas hagan sentido? ¿Por qué suelo sentirme cómoda, pero no del todo: por qué no me decido de una vez a comprar un sillón? Se que la vida no se resuelve besando a Paul Varjak bajo la lluvia de Manhattan, pero aquí sigo.... buscando "algo más"....


*Lechuza


Solo para no asustaros: mi casa sí tiene muebles, mi gata sí tiene nombre y juro que no estoy loca, soy mucho más normal de lo que creo y de lo que me gustaría ;)

31 marzo 2011

Uno de muchos recuerdos...

Hace ya más de dos años conocí una mujer española en un tren, cuyas palabras nunca olvidaré: "Viajando, es que te pasan las cosas".

Era enero y la nieve cubría Europa, el tren había demorado más de tres horas en salir de París, una francesa petisa y arrugada me había gritado en francés por querer pagarle una taza de chocolate caliente, en la estación, con las últimas monedas que tenía...
Llegar a París ya había sido una odisea, arrastrando mi valija rosada gigante por un bus luxemburgués hasta la "gare" y luego esperando horas por un suicida en las líneas del tren.... sentada sobre mi valija, porque no había más lugar...

Volviendo a esa mañana de nieve, supe que algo malo estaban relatando por los parlantes en francés, pero definitivamente no sabía qué. La española me explicó, que no llegaríamos a Irún, que el tren estaba atrasado y era imposible llegar a la conexión a Madrid...

Para hacer un cuento largo, muy corto, terminé en un taxi con 4 franceses de Irún a San Sebastián; por única vez en mi vida fui consciente de correr para cruzar una calle llena de autos andando y no me importó la posibilidad de fallar el intento, tiré mi valija por unas escaleras, corrí, grité y pataleé y las puertas del tren se cerraron en mi cara y volví a patalear y, llorando, empecé a tirar cosas al tren.... (desesperada?) y empecé a caminar sola por San Sebastián.... Y noté lo hermosa que era la ciudad y el río y la Luna y una mujer me vio con cara de desolación y me abrazó "niña, qué pasa?" y me ayudó a encontrar el camino y amé estar al fin en un país con mi mismo idioma y lamenté no poder quedarme más, pero realmente tenía que llegar a Madrid, y no llegué a Atocha, pero si a una estación de buses bastante céntrica sólo dos horas después que "mi" tren... Y seguía nevando en la península y los vuelos no salían hacia ninguna parte y no me importaba, porque estaba al fin con él... al fin en sus brazos... al fin en la ciudad más romántica de Europa... (vengan ahora las lapidaciones!)

"Viajando es que te pasan las cosas"...
Quizá, para que la vida no sea una pérdida, hay que tomársela siempre como un viaje, aunque no sea a un lugar exótico o lejano, pero sí un continuo paso hacia lo desconocido, o hacia el cambio, hacia otro "sitio" mental, emocional, profesional.... (y un gran etcétera)...
Desde muy pequeñita se que todo lo hago por seguir viajando.

*Lechuza

"Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos" - Galeano.

Concisa

Encontré el monstruo en el fondo del placard.

Y se acabaron las pesadillas.

20 marzo 2011

Muere el verano

Las alamedas se tiñeron de dorado.
El sauce dejó de llorar.

Música porteña y un regador.
Flores sin olor
y aire sin viento.
Nubes secas
y secas de sentimiento.
Un árbol que visito desde que era niña
y un monstruo de hormigón en medio de un antiguo paraíso olvidado.

La tierra se volvió a mover,
se escucha desde lo profundo un grito hondo,
se escucha desde las entrañas del mundo el recordatorio de que la historia sigue, con o sin nosotros:
El mundo creará montañas, fiordos e islas.
El tiempo formará y derretirá glaciares,
jugará con los colores en las rocas y en las arenas.
Lo hizo desde antes de que llegáramos y lo seguirá haciendo cuando no estemos.

Una nube que no es nube delata que hemos llegado a la capital.
El recuerdo del cultivo se contradice con la oda continua al consumismo.
Y de golpe nada parece tener mucho sentido.

Mientras tanto, la luna está casi llena y se asoma sobre los Andes, haciéndome un guiño.
Se acerca el día de un nuevo adiós y se me aprieta el pecho al entender
que conozco este lugar lo suficiente
como para saber que aún no quiero,
que aún no puedo,
volver.

20 febrero 2011

Narcóticos contra el mal de amor

Este post no trata sobre su título, sino de algunos resultados del mal de amor... o del bien de amor...

Yo no soy una persona muy musical, quiero decir: no entiendo nada de música, ni buena, ni mala, ni tonos, ni nada. Pero me gusta. Mucho. Me distrae día a día de un montón de cosas y me obliga a concientizar otras que a veces preferiría olvidar sólo por vaga...

Y entre muchas cosas que recurren en mi i-pod día a día, hay algunas listas de audio que me recuerdan a alguien, que surgieron porque me hacían pensar en alguien, o porque alguien me la "regaló", o que simplemente me trasladan a otra época, otro lugar, otras personas...

Cada cierto tiempo, vuelvo a repetir una en particular, una de mis favoritas.. Y que, al escuchar, no puedo evitar agradecer a quien me la regaló... además de una historia de fábula y recuerdos helados maravillosos, me regaló 20 canciones que a día de hoy me sacan miles de sonrisas y risas... Y este post surge del pensamiento, al escuchar esa música, de qué nos deja una relación; en términos puramente materiales este chico no me dejó mucho más que un piercing viejo que aún guardo en mi monedero y un porta retratos con una foto de una despedida en una estación de tren (dos recuerdos que adoro y cuido con todo mi ser)... En términos musicales, me dejó una extraña obsesión hacia el rap español y la felicidad de observar las caras confusas en los ómnibus montevideanos de una oficinista sudamericana escuchando a Nach Scratch... En términos poéticos, me dejó recuerdos de invierno y nieve y felicidad en Londres y Madrid (y pocos días con más felicidad de la que puedo pedir para el resto de mi vida...)

Otro hombre, en cambio, me dejó con la sensación de que estuve perdiendo seis meses de mi vida en nada... A veces, cuando tenía aún el odio vivo, soñaba despierta con gritarle a la cara que lo único bueno que quedó de nuestra relación fue el mate viejo de su madre (que aún uso)... Me dejó algo más: la angustia de escuchar canciones que, antes de él, me encantaban, pero que luego se convirtieron en "nuestras"... Silvio Rodríguez y Joaquín Sabina, a veces, aún, tienen su voz... Y ya no los escucho con angustia, y ya no tengo ganas de gritar nada... Pero su música "sabe" a él... está ahí... y me hacía sentir como una mujer con sombrero que murió... y no queda más nada... Los recuerdos de la angustia y la vergüenza y la humillación pueden borrar seis meses de felicidades diarias, mi memoria es selectiva y, de eso, ya no recuerda casi nada...

Antes de ellos dos, compartí más de cuatro años con un buen amigo que derivó en "algo más"... En cinco años de vida se acumula mucha porquería... cosas grandes y chicas, importantes y no tanto: regalos de cumpleaños, Navidad y San Valentín, tarjetas de aniversarios, papelitos de chocolates, peluches, recuerdos de viajes.... ¿Música? Música: mucha.. De todo tipo, de la romanticona del principio, de bailar en miles de fiestas, de compartir el día a día... Desde Alejandro Sanz hasta Madonna, en algún punto, alguna canción de toda una época puede traer un momento, una conversación.... Y música que hoy en día considero absolutamente "mía", pero que de golpe puedo darme cuenta que en un momento fue "nuestra"... qué más da...
El fin de semana pasado también me di cuenta de que, aunque no lo quiera, él está por toda mi casa, en adornos, en cuadros que hicimos juntos, en regalos de sus padres, en mil y una cosas que hoy son MI vida, pero que en otro momento fueron otra cosa... Aunque a veces quisiera negarlo, el tiempo es mucho y muy pesado, y no se puede, la raíz de mucho de mí viene de eso que fui con él... Y nada de esto que escribo implica ningún sentimiento romántico... Sólo implica realidad, saber de dónde vienes: no se puede encarar el presente sin ese conocimiento...

De este último pensamiento quiero redondear todo lo que he escrito: no soy una persona que esté todo el día pensando en antiguos amores, pero a la hora de escribir, se me vienen a la cabeza. Me sale mejor escribir de ellos que de amores potenciales, o de sueños vacíos, nubes en el aire que se me escapan día tras día, hora tras hora, sin rumbo ("como pompas de jabón", Sui Generis es música "mía" JA! ...y de mi madre... a la mierda con Freud... este paréntesis acaba de crear necesidad de un nuevo post...)

*Lechuza

25 enero 2011

The mean reds*

Hace mucho tiempo ya, que se que no te quiero;
ya no es amor,
ya no es tristeza,
ya no es rabia.

En esa última frase mentí.
Sí, es rabia.

Es rabia de que aún surja esa fuerza incontrolable dentro mío...
de querer golpear algo o a alguien,
de querer romper en llanto, porque siento los ojos rojos del odio;
de querer gritarte a la cara todo lo que nunca pude...

Sólo por tu cara, tu voz o
sólo por saber tu presencia...

Me invadió un espíritu de odio el cuerpo,
como si me estuviera por venir la regla, pero no era eso...
Me invadió un cansancio incontrolable,
Me invadió un horror inmenso,
pero no era un ataque de pánico:
era un ataque de ira.

Pido disculpas a mis lectores por volver a escribir de amor,
a mi también me aburre a estas alturas;
¿Por qué son estas las pequeñas cosas que me hacen querer escribir?...
yo también quiero leer sobre algo más...


*Lechuza

12 enero 2011

De veranos lejanos

Ver que tengo 0 entradas en 2011 me hace sentir obligada a escribir....
Pero el verano me atonta, me roba las palabras y me hace pensar que la vida así no tiene mucho sentido, porque necesito el frío para ponerme a filosofar y (más bien) divagar...
Hasta que llega una lluvia veraniega y me alegra la tarde:

El olor a tierra húmeda me recuerda a mi infancia,
a tardes con los pies en el barro,
a carcajadas con mis primas en el ruido santiaguino,
el olor a pasto, una chinita (léase: mariquita, o "san antonio", según la zona de nuestro continente que corresponda).
Mariposas,
viento,
mi pelo enredado,
el agua helada de un lago sureño partiéndome los huesos,
el sol en la piel y los pies en arena negra, de nuestras playas del sur,
decoradas por lavas derretidas y pulidas por los siglos...

Y, de repente me pongo a pensar,
de todas las playas que he pisado,
con todas sus variedades y exotismos,
ninguna recuerdo más ni mejor que la de Coñaripe,
a orillas del lago Calafquén:
Mi viejo bajo una sombrilla leyendo un libro,
yo tomando un helado Savory
o persiguiendo al hombre con el carrito para hacer algodones de azúcar...
las piedras en los pies, el agua helada,
huir hacia el centro del lago en un bote inflable...
Y las montañas alrededor,
con mil y una formas,
con bosques llenos de peligros...
La tristeza de los incendios forestales...

Y, con mis amigos, perdernos por la isla Llancahue,
buscando mil y una aventuras:
huir de enjambres de abejas, perros salvajes y toros,
tomar agua del río helado en una taza vieja,
jugar a la pelota horas y horas bajo el sol,
jugar a las escondidas de noche entre los árboles y aprovecharse de alguna luz casual que descubre todos los escondites...
y tirarnos horas a ver el cielo más estrellado,
(cazar estrellas fugaces y pedirles deseos ya olvidados).
Y que no me discutan que los cielos del norte son los mejores:
allá en la IV región, junto a los grandes telescopios que miran a lo lejos,
he visto cielos preciosos, sin duda,
pero no se comparan con la grandeza que se percibe después del paralelo 38,
donde se nota en las estrellas la curvatura de la Tierra,
la Cruz del Sur está cada vez más cerca y parece que caerás al fin del mundo
(o el comienzo del mundo, como dice un querido amigo, qué más da!)

Cada mañana, llueva o salga el sol, Montevideo me sonríe;
mi querida ciudad me lleva feliz por la vida...
Creo que somos las dos cómplices de algo y,
sin embargo, ninguna de las dos sabe de qué...
Nos entendemos, al fin y al cabo...
La lluvia montevideana de verano hoy me trajo recuerdos inesperados,
para sacarme en cara, sin darme cuenta,
que tuve una infancia privilegiada:
crecí con miedo a que un puma saltará del bosque, mientras jugaba con hadas y duendes...
Y creo que sólo los niños del sur de mi país pueden saber a qué me refiero...

24 diciembre 2010

De Navidades pasadas

La memoria es un recurso muy selectivo del ser humano. Definitivamente, selectivo.
Hoy se entrelazan en mi memoria varios recuerdos que cumplen veinte años.
Sí, veinte.
Estoy sorprendida de tener recuerdos de veinte años... Hace sentir la edad como un peso fuerte sobre los hombros...

Aunque, me doy cuenta, tengo recuerdos mayores aún, de veintidós: La campaña del No.
Es cierto que son luces y sensaciones que se mezclan y se llenan de baches, pero son recuerdos, al fin y al cabo. Y quedaron ahí, para despertar algún día, porque eran cosas realmente importantes: tenía un año y medio cuando fue la campaña del No y, cuando muchos años más tarde, volví a escuchar la canción y me di cuenta que me sabía la letra, no me pareció extraño. Fui parte de la historia. Y eso el cerebro no lo borra, aunque sea una masa delicada y joven, con muchas dificultades aún para retener...

Volviendo a mis recuerdos del año 1990: me ha costado ordenar algunas cosas y, recién me doy cuenta, debo estar mezclando varias Navidades: 89, 90 y 91... (desde el 92, ya en Costa Rica, las cosas sí las recuerdo con claridad)...

En definitiva, y para hacerlo más ameno:

¿Por qué me gusta la Navidad?

Porque recuerdo: el pesebre de mi abuela y el olor a pintura; los plumones chiquitos blancos con corazones de colores (realmente, el regalo que recuerdo con más cariño, de toda mi infancia, más que cualquiera de mis Barbies caras, o mis peluches del Rey León, esos plumones SON mi infancia), sentir un gatito entre mis brazos (creo que la Cascanueces), las lucecitas brillando, el olor a pino y, el recuerdo más feliz de mi infancia: abrazar a mi abuelo.

Seguramente, no fue en Navidad, porque en la Navidad del 90 él ya estaba en el hospital... Pero la Navidad me recuerda a él. No se porque. Y, definitivamente, la memoria es selectiva, porque entre todos esos flashes de felicidad, no recuerdo el hecho de que murió ese Año Nuevo, no recuerdo que mi abuela me negaba como nieta (por el estigma del Alzheimer) y que, también ella, murió menos de dos meses después. No recuerdo las mudanzas continuas. No recuerdo en esa época de mi vida a mis hermanos, ni a mi padrastro, creo que ni siquiera a mi madre: son todos personajes que aparecen después del 91....

Antes que eso, sólo mi viejo, y mi Tata. Y mi Tata me duró poco. Pero es lo más feliz que me pasó en la infancia. Y es el mayor orgullo que guardo hasta el día de hoy en mi familia. Los viajes, las distancias, las separaciones, las personalidades fuertes, me obligaron a formar una figura paterna medio collage... bordada con parches.
Y sin, embargo, al mirar atrás, veo en mi Tata la figura paterna perfecta. El cariño de su abrazo es lo más dulce que guardo. El calor de su mirada todavía entibia mi corazón.

Y en una semana, serán veinte años desde que no está.
Y maldigo el tiempo, que nos aleja de recuerdos que quisiéramos tener más cerca, porque da la sensación de que, cuando alguien se va, su ausencia es clara al principio, pero luego nos acostumbramos a que no esté.
Es cierto, crecí sin él. Estoy acostumbrada a que no esté. Pero siento que es injusto que sea así.
En definitiva, poco importa mi sentido de la justicia. La vida es injusta y punto.

Pero es Navidad, es Navidad y yo tengo Fe.
Tengo Fe en algunas cosas "religiosas" que tienen que ver con la Navidad, pero que no considero importantes describir aquí.
Si quiero decir, que tengo Fe en que desde hace veinte años, mis abuelos están en un lugar mejor, y me cuidan, mi Tata es un Ángel que me visita, me acompaña en mis penas y en mis alegrías, me abraza hasta cuando no me doy cuenta y me canta canciones de cuna, que no puedo oír, pero tranquilizan mis dolores. Tengo Fe en que pasarán muchos años más, y un día estaremos nuevamente juntos y me volverá a abrazar. Y, lo que más espero, al mirar atrás toda mi Vida, es poder ver a mi Tata, hundirme en sus ojos y decirle que hice TODO lo posible para que él estuviera orgulloso.

12 diciembre 2010

Sola

Haciéndome cargo de mi vida... de mis decisiones, mis elecciones.
De cada paso que dí, hacia donde yo quería.

Y, luego, el desagrado de esas pequeñas consecuencias incalculadas...
O, quizá, contempladas, pero sin la justa medida de su realidad..

De todas maneras, la certeza de que todo camino tiene algún resultado que no gusta, que no completa, que resulta un poco pesado, o tedioso, o doloroso...

Y, en el fondo, feliz de que "mis" consecuencias tediosas hayan surgido por mi propia opción, por amor a mis deseos, por la fe ciega en mi corazón. Porque, aunque a veces lo olvide, soy una mujer valiente. Y seguí mi intuición, y armé mis planes, y diseñé mi futuro, según lo que quería, según lo que sentía, según lo que entendía que era mejor.

Y aún sigo mi intuición y tengo fe en mi corazón y en lo que quiero, y creo ciegamente en mis decisiones y camino con la frente en alto porque se, que si bien a veces me inundan momentos tristes, nunca será por haber elegido una vida que no era mía.